Capítulo I · El taller
El telar suena distinto a 1.900 metros de altura.
En 1974 mi abuela armó el primer telar con dos vigas que sobraron del puente del río Mendoza. Tejía mantas para los arrieros que cruzaban a Chile, y aprendió de las teleras de Cacheuta los puntos que todavía hacemos. La lana sigue siendo de las mismas tres familias: la nuestra, los Mardones y los Salinas.
Trabajamos con fibras lavadas en agua de deshielo y teñidas con materiales naturales del entorno: nogal, jarilla, retamo, yerba mate. Cada pieza se tarda lo que tiene que tardar.
— Lucrecia Reyes, segunda generación